REPORTAJE


FERROCARRILES NACIONALES DE MEXICO: HISTORIA DE UNA PRIVATIZACION


SARA SANTAMARIA ARRIBAS


La compañía Ferrocarriles Nacionales de México ha dejado de pertenecer al Estado para pasar a manos privadas, tras ser dividida en tres empresas, operación que ha supuesto al Ejecutivo mexicano unos ingresos de 2.300 millones de dólares. Sólo las llamadas líneas cortas, que representan el 23% del total de trayectos, son todavía públicas.


La primera vía férrea mexicana fue construida en 1857 y unía las ciudades de México D.F. y Veracruz. Años después, en 1907, se fundó la alianza Ferrocarriles Mexicanos, sector que fue expropiado en 1927 por el presidente Lázaro Cárdenas, momento en que tuvo lugar el nacimiento de la compañía Ferrocarriles Nacionales de México que se constituyó como un organismo dependiente del Estado. Desde entonces, el ferrocarril (medio que transporta el 20% de las mercancías en dicho país) ha sido gestionado por el Ejecutivo extendiendo sus vías por todo el territorio hasta alcanzar la cifra de 26.000 kilómetros de vías.


Locomotora M420TR 531, del Ferrocarril del Pacífico.


Corría el año 1995 cuando el Gobierno presentó al Congreso una iniciativa para modificar el artículo 28 de la Constitución, que reservaba al Estado la exclusividad de explotación de los ferrocarriles. Poco tiempo después se redactó la denominada Ley Reglamentaria del Servicio Ferroviario que sentó las bases para la entrada del sector privado en este campo del transporte. En esta norma se determinó que una empresa extranjera no podía disponer de más del 49% de la compañía privatizada. Más tarde, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes redactó las normas básicas del proceso de apertura al capital privado y, a mediados de 1996, salió a concurso la primera línea.


Locomotora 461 circulando por el estado de Nayarit.


El antiguo sistema ferroviario fue dividido en tres grandes regiones. En junio de 1997, las compañías Kansas City, Southern Industries y Transportación Ferroviaria Mexicana se hicieron con la zona Noroeste, con 3.960 kilómetros de vías, por un precio de 1.000 millones de dólares (unos 160.000 millones de pesetas). Meses más tarde fue Grupo México y Union Pacific quienes se hicieron con la línea del Pacífico Norte, con 6.200 kilómetros de vías, por 400 millones de dólares. Y en último lugar, Ferrocarril del Sureste, con 2.200 kilómetros de vías, fue vendida al grupo mexicano Tribasa por 290 millones de dólares, quien, a su vez, se deshizo de ella el pasado mes de julio y la vendió a Frisco, filial del holding mexicano Carso.

En la actualidad, la privatización de los Ferrocarriles Nacionales de Méjico está a punto de tocar a su fin. El montante total de las operaciones antes detalladas ha supuesto para el Estado unos ingresos de 2.300 millones de dólares (368.000 millones de pesetas), dinero con el que el Gobierno ha creado un fondo de 1.500 millones de dólares para asegurar el pago de las jubilaciones, situación a la que se han acogido 58.000 empleados desde el inicio de la liberalización. Por otra parte, han sido destinados 27 millones de dólares para la liquidación de empleos y todavía están pendientes 17.000 demandas laborales que la empresa estatal deberá pagar en caso de que pierda los juicios.


Super 7-30C(MP) 15020 en la estación de Guadalajara, Jalisco.


A pesar de que la compañía tardará en desaparecer completamente entre cinco y diez años, durante los cuales se terminarán de vender los 70 millones de metros cuadrados de superficie y los 5.000 ferrocarriles que aún posee, sólo quedan por tramitar los consecuentes trámites administrativos, así como llevar a cabo el proceso de liquidación, la venta de activos y el pago de pasivos.

Con todo esto se dará por concluida la historia de Ferrocarriles Nacionales de Méjico, una compañía que comenzó a andar allá por 1927 cuando este medio de transporte era el habitualmente usado por aquellos intrépidos viajeros que se aventuraban a desplazarse a bordo de sus incómodos y repletos vagones, y que ahora, cuando el avión o el tren de alta velocidad recorren distancias entonces impensables y en poco tiempo, han dejado de depender del Estado e inician un nuevo recorrido en manos privadas, en una época en la que la liberalización está al orden del día.





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