ESPAÑA, CAMPO DE PRUEBAS



Como caballos de carreras en sus boxes, así parecen encontrarse los prototipos de AVE que las compañías afirman poseer para el concurso del Madrid-Barcelona-Frontera. La comparación no es baladí; ésta es una verdadera carrera en la que las apuestas son muy fuertes y, en alguna de ellas, podría estar involucrada la que pudiéramos llamar "fortuna familiar".

De este modo, ya existen favoritos. Por un lado, Talgo y Adtranz han anunciado que podrán disponer de un tren de alta velocidad acorde con las exigencias del concurso (350 km./hora) para febrero del 2000. Alstom no se queda atrás y sostiene poder concursar con un modelo acorde con el proyecto. Por su parte, Siemens pasea su ICE3 y afirma su plena comercialidad. En suma, todos tienen tren.

El recurso del patriotismo también se maneja por parte de los corredores. De Talgo es sabido que es empresa plenamente española y de ellos se beneficiaría, lógicamente, su socio ADtranz. Alstom tiene una gran implantación en la industria ferroviaria española a través de sus adquisisiones y Siemens afirma -por boca de su presidente español, Eduardo Montes- que la factoría de Cornellá (Barcelona) se encargará de la mayor parte de la producción. Está claro que para vender AVE en España hay que ser, en mayor o menor medida, español.

Y no sólo coge importancia España por la magnitud del proyecto y sus suculentos 117.000 millones de pesetas para trenes. Se están jugando futuras oportunidades de mercado, porque ¿qué va a pasar con la imagen de producto de los que no consigan vender su modelo? Todos los analistas coinciden en señalar que el futuro del ferrocarril en el mundo está vinculado directamente a la alta velocidad y sus posibilidades. En el caso del proyecto español sus características en cuanto a trazado, distancias y velocidades hacen que pueda considerarse prototípico en cuanto a la determinación de especificaciones de los trenes que recorrerán las vías de alta velocidad en los próximos años. El contrato que se juega en esta carrera puede llevar aparejada un importante consecuencia: dificultarle este trascendental mercado a quienes no pudieron vender su tren a los españoles.

Hace ya una década, el concurso del AVE Madrid-Sevilla tuvo resultados parecidos. Al margen de que todos los que realmente compitieron entonces consiguieron algo (la participación japonesa e italiana no pasaba de ser un brindis al sol...), no cabe duda que el gran vencedor fue Alsthom (así se llamaba entonces) y su TGV Atlantique, sin duda el único tren europeo que podía ofrecer una larga y exitosa experiencia en explotación.

Siemens no pudo convencer con su ICE de entonces, por el elevado precio y por el sambenito de tren escasamente probado. Talgo, cuya hipotética oferta se esperó hasta último minuto, no consiguió una tracción, que solo le podían dar sus competidores en el concurso. Hoy el panorama está mucho más abierto y todo parece indicar que la batalla será reñida, y difícil la tarea de evaluar las ofertas.


Volver a la portada de Opinión

Volver a la portada general de STOL