RAILTRACK, UN FRACASO IMAGINABLE



La quiebra de Railtrack, la operadora de la red de ferrocarriles británica, ha vuelto a arrojar serias dudas sobre la eficacia de los modelos privatizadores tan en boga en el sector cada vez menos público.
Recapitulemos: la empresa se creaba en 1992 en el entorno público y en 1996, el gobierno conservador la privatizaba en mayo de 1996, una año antes de perder el poder. Ahora, tras cinco años de gestión privada, el saldo es claramente negativo. Y no sñólo en lo económico, aún cuando las cifras son estremecedoras: 3.300 millones de libras (885.589 millones de pesetas), sino también en lo humano, con un creciente volumen de accidentes. Y, sin embargo, el criterio que dio impulso a la privatización de la entidad, era el habitual en estos casos ": financiación a través de la cotización en Bolsa e ingresos mediante los pagos de las compañías de ferrocarriles por utilizar la red. Ah! y de todos modos, las correspondientes ayudas estatales cuando el caso lo requiriera. Vamos, un negocio redondo. Y sin embargo no ha sido así sino que ha fracasado como suele ocurrir en las empresas privadas mal gestionadas y con especuladores al frente.

Los analistas coinciden en señalar que su infeficiente estructura financiera la impidió incrementar sus ingresos cuando el número de pasajeros y de trenes aumentó a la vez que el coste de las inversiones aumentó sobre las estimaciones iniciales.

La compañía intentó equilibrar ahorrando incluso en seguridad (recordemos los 31 muertos del accidente de Padington) pero de nada sirvió; al fin el pasado día 7 de noviembre el Gobierno intervenía la compñía suspendiendo sus cotizaciones y disponiendo un nuevo modelo de gestión algo ecléctico según el cual se convertirá en una empresa sin ánimo de lucro, cuyos propietarios serán las compañías que operan los trenes, los pasajeros y los sindicatos. La sociedad tendrá estructura de compañía limitada por garantía, algo similar a lo que ocurre con las autoridades portuarias. Mientras tanto será una consultora especializada quien se ocupe de gestionar temporalmente y, desde luego todo apunta a que ya no volverá a cotizar en Bolsa.

El primer ministro Tony Blair ya lo dejó caer en la conferencia anual del Partido Laborista el pasado día dos: "hay algunas áreas en las que el sector privado ha trabajado bien y otras, como en parte del ferrocarril en las que ha sido un desastre". Sería bueno que en nuestro país, sacudido por un vendaval privatizador, y en el que además se admira gubernalmente al Reino Unido, se tomara buena nota y ¿por qué no? se escarmentara en cabeza ajena.


Volver a la portada de Opinión

Volver a la portada general de STOL