RENFE Y EL DISCURSO POLITICO


La recobrada importancia del ferrocarril como medio de transporte y símbolo de progreso tiene la inevitable contrapartida de su instrumentalización política. Esto, en un país como el nuestro, donde existen nacionalismos poderosos, esta conduciendo a planteamientos alternativos a la visión estatal.

Es sin duda lógico que quien tiene como centro de su discurso político la estructuración estatal de su comunidad en términos de autogobierno o independencia, se plantee una política ferroviaria que tenga el propio territorio como eje. Es igualmente lógico que se produzcan negociaciones, e incluso presiones, para conseguir la adaptación de la política estatal a los intereses locales. Pero es lamentable que en un terreno de inevitable nexo -incluso en caso de independencia- como es el ferrocarril, se actue en clave emotivo-simbólica.

Es, por tanto, preocupante, y un pésimo augurio, que en su propaganda para las pasadas elecciones europeas CIU haya condenado a muerte a Renfe, aunque sea en el contexto de la creación de una gran red ferroviaria europea. Todo parece indicar que tal planteamiento corresponde más al ejercicio simbólico de atacar toda manifestación del poder estatal español que a un planteamiento real, pero el posicionameinto programático de CIU se produce en un momento de cambios revolucionarios en el papel de Renfe y llega después de una colección de acusaciones y rumores sobre hipotéticas modificaciones del AVE Madrid-Barcelona para beneficiar intereses catalanes en detrimento de los intereses generales.

Al márgen de la verdad -o no- de tales acusaciones y rumores, la postura electoral de CIU contribuye a llevar agua a un peligroso molino y a incrementar suspicacias.

La hipotética creación de una red ferroviaria europea gestionada desde Bruselas es una idea interesante, pero no parece probable que ni a corto ni a medio plazo la SNCF, la DB -y ni siquiera Renfe-, se disuelvan como azucarillos en beneficio de una macrored... En ese contexto hablar de la desaparición de Renfe es, cuando menos, un despropósito y una peligrosa caida en la demagogia, que pueden crear innecesarias tensiones sin que, segun parece, tal discurso haya resultado beneficioso en las urnas.


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