
TENSIONES INEVITABLES
Probablemente, las tensiones entre el GIF y Renfe son inevitables. Es más, hace falta ser muy ingenuo para creerse la beatífica relación que entre ambos organismos se intenta decir que existe, puesto que sus intereses objetivos a corto plazo no son precisamente coincidentes y el ajuste de competencias es y será difícil.
En ese contexto, no puede pasar desapercibido el anuncio de Miguel Corsini, presidente de Renfe, asegurando que los 350 km/h no serán condición inexcusable para los fabricantes que quieran presentarse al concurso del AVE Madrid-Barcelona. A decir verdad, lo que Corsini ha afirmado no deja de ser una evidencia aplastante: lo importante son las velocidades comerciales de un tren, no sus puntas. Estas estan muy bien para la parafernalia de los records, pero al viajero lo que le importa es el tiempo total de viaje, no a cuantos km/h llega a circular.
Pero esto, perfectamente obvio para cualquier profesional del sector, no lo es políticamente. Parece claro que ni el GIF era ingenuo apostando por los 350 km/h en el concurso, ni es casualidad que Renfe nos recuerde de improviso que lo trascendente no son las velocidades punta, sino las comerciales.
Al final -y al margen de que las distintas posturas políticas le puedan venir bien o mal a destacados constructores concursantes- lo que se está jugando es una batalla más de la guerra para decidir quien va a mandar en el ferrocarril español del futuro próximo. Vista así, no es ninguna obviedad y está llena de sentido la reacción de Renfe reivindicando su derecho a, como operador, decidir las condiciones de los trenes que adquiera. Cada zapatero a sus respectivos zapatos... y los míos son los trenes, parece ser el mensaje de Renfe a un GIF cada vez mas crecido.
No es la primera escaramuza, ni será la última, en un difícil proceso de ajuste en el que se juega el futuro del ferrocarril en España.
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