ENTRE EL CIELO Y EL SUELO


El sector del transporte está cambiando en España a gran velocidad, nunca mejor dicho, y en los últimos días han cuasi coincidido dos hechos tan contrapuestos como significativos. Así, cuando aún no se habían apagado los ecos de los mejores resultados económicos de la historia de Renfe, miles de viajeros sufrían una caótica Semana Santa en los aeropuertos de todo el país.

Las cifras obtenidas en 1998 por la empresa ferroviaria española han sido realmente espectaculares. Los números son siempre importantes, y más en una compañía estatal. Por eso impresionan, todos respecto a 1997, los 2.705 millones de pesetas de crecimiento de los ingresos totales, los 5.338 millones de reducción del gasto y, en definitiva, la mejora neta superior a los 21.000 millones de pesetas.

Sin embargo, resulta todavía más sorprendente el cambio conceptual que ha experimentado el tren en el seno de la sociedad. Hablar de puntualidad y calidad de servicio ferroviarios era hace unos años poco menos que imposible. Hoy, y frecuentes encuestas así lo demuestran, los viajeros hablan muy bien de Renfe.

El mérito primodial del AVE Madrid-Sevilla en dicho proceso es innegable, pero no hay más que volver a los mencionados resultados económicos para comprobar que el resto de Unidades de Negocio -Cercanías, Regionales, Grandes Líneas, Cargas y Transporte Combinado- han iniciado un positivo e imparable despegue.

En el anverso de la moneda, las desesperantes escenas vividas en los aeropuertos no han hecho más que confirmar los negros augurios que amenazan al transporte aéreo en España. Ha sido ésta la penúltima guinda de una inacabable serie de conflictos -ampliación de Barajas, escasez de controladores, intransigente postura del sindicato de pilotos (Sepla)...- que soliviantan a usuarios e incluso a ciudadanos.

Ante este panorama, y habida cuenta de las infraestructuras ferroviarias en marcha -AVE Madrid-Barcelona y variante de Guadarrama, fundamentalmente-, no extraña el ostensible respeto que los responsables de empresas y organismos aéreos manifiestan públicamente hacia el pujante tren. Las tornas están cambiando, y la distancia entre el suelo y el cielo es cada día menor.


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