DELICIAS, UNA ESTACION PARA LA HISTORIA





La Estación de las Delicias, convertida en sede del Museo del Ferrocarril en diciembre de 1984, es un fruto de la revolución industrial y uno de los edificios más característicos de la ciudad de Madrid. El comienzo de su construcción data de 1879. Tan sólo un año después fue inagurada solemnemente por el Rey Don Alfonso XII.

El proyecto de electrificación se revisa en 1934, no comenzándose los trabajos hasta 1935, trabajos que se verían inmediatamente afectados por el inicio de la Guerra Civil, quedando estancados y no volviendo a realizarse hasta finalizar la contienda. Renfe retomó el proyecto de la Compañía del norte y finalizaría la electrificación del MAS, con sistema de corriente continua a 1.500 v, en 1944. Su inauguración oficial tuvo lugar el 9 de febrero de 1946.





LA ESTACION DE DELICIAS RECIEN CONSTRUIDA
Foto J. Laurent. 1880. Archivo DGPAA y M.




Durante mucho tiempo, erróneamente, se relacionó la estructura metálica de la estación de Delicias con el famoso ingeniero francés Gustave Eiffel. Hoy podemos afirmar, sin ninguna duda, que el proyecto del edificio se debió únicamente al también ingeniero francés Emile Cacheliévre, que asimismo se encargó de la dirección de las obras, junto al ingeniero español Calleja, ambos contratados por la Compañía del Ferrocarril de Madrid a Ciudad Real y Badajoz.

La gran marquesina metálica de la estación fue construida en los talleres de Fives Lille de Bruselas, desde donde fue trasladada a Madrid para proceder a su montaje. La construcción respondía a una necesidad fundamental de las estaciones ferroviarias de la época de las locomotoras a vapor: su función principal era evitar la obstrucción del suelo y la condensación del vapor que producían las mismas locomotoras.

La tipolog’a de la estación es semejanbte a la desarrollada a mediados del siglo XIX en toda Europa y consiste en dos cuerpos paralelos entre los cuales se tiende una cubierta. La novedad p«rincipal venía dada por la ubicación del andén de llegada a un lado de la vía y el de salida enfrente. Este andén contenía las partes más significativas de la estación, como el vestíbulo y las salas de espera.

En este edificio de carácter absolutamente funcional, racional y útil, siguiendo los principios arquitectónicos más avanzados de la época, juegan un papel de primer orden los nuevos materiales usados en su construcción, el hierro y el vidrio, que se aúnan con gran perfección y maestría. El resultado es de una gran expresividad, a pesar de la escasa ornamentación utilizada y convierte a la nave principal de la estación en un enorme espacio diáfano y luminoso.

La nota colorista del edificio se encuentra en el exterior. Con un interés decorativo, o quizás, también, por reminicencias de un estilo puramente español como el mudéjar, muy recordado por los edificios madrileños de la época, se utilizó el ladrillo prensado visto combinando los colores rojo y negro.

Cuando se decidió la construcción de la estación de las Delicias, Madrid contaba ya con otras dos estaciones, Atocha y Príncipe Pía, que en ese momento eran simples embarcaderos, por lo que Delicias se convierte entonces en la primera estación con carácter monumental de la ciudad.

No obstante, la existencia de aquellas dos estaciones sería de gran importancia de cara a la ubicación del nuevo edificio ferroviario. Esta sería la razón que prevaleció para su establecimiento definitivo en la zona Sur de Madrid incluía en los Planes de Ensanche del ingeniero Carlos María de Castro, entre las estaciones de Atocha y Príncipe Pío, en un área rodeada por la línea de circunvalación que por entonces ya existía y comunicaba las tres grandes estaciones de la ciudad.

Delicias surge, en un principio, como Estacuión Terminal de la Compañía del Ferrocarril de Madrid a Ciudad Real y Badajoz. Sin embargo, poco después de 1880, la citada compañía fue absorbida por la de Madrid a Zaragoza y Alicante. Como esta última ya tenía la estación de Atocha, decidió proceder a la venta de la de Delicias. El edificio fue entonces adquirido por la Compañía de Madrid a Cáceres y Portugal, que la explotaría desde sus comienzos, convirtiéndola en una estación con carácter internacional que comunicaba dos capitales europeas.

Las circulaciones entre las dos capitales europeas, Madrid y Lisboa, consistían en trenes directos y tráfico mixto, dedicado tanto al transporte de mercancías como al de viajeros. Sin embargo, como los lugares por los cuales discurría la línea eran en su mayor parte poblaciones muy pequeñas, el tráfico de viajeros iba a tener escasa relevancia y, en consecuencia, destacaría el servicio de mercancías, sobre todo el dedicado a ganado, cereales y corcho.





MONTAJE DE LA MARQUESINA METALICA DE LA ESTACION DE DELICIAS
Foto Hobert. 1879. Archivo Museo del Ferrocarril.



De todos modos, desde la Estación de las Delicias también brindaron servicio algunos trenes de viajeros como el Rápido, convertido después en el Lusitania Exprées, el Correo Exprées, el Ligero, el Omnibus o Correos, entre otros. Precisamente, en el Lusitania Lisboa a Madrid fue que llegó en 1948, para cursar sus estudios en España, el actual monarca, Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I, si bien su destino, en aquel histórico viaje nocturno, no fue la Estación de las Delicias, sino la de Villaverde, desde donde se trasladó al Cerro de los Angeles para la celebración de un acto histórico de notable trascendencia para el futuro político de nuestro país: el acto de consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, como sucesor del Rey Don Alfonso XIII y como adelantado de su padre, Don Juan de Borbón.

En todo caso, todos los servicios que hemos citado, se realizarían en esta estación hasta el 1 de julio de 1969, fecha en la que se decide su cierre al tráfico, tanto de viajeros como de mercancías, de forma definitiva y el pase de todas las circulaciones a las estaciones de Atocha y Chamartín. Desde ese momento su destino fue incierto, en un contexto de fiebre especuladora de terrenos que llegó a amenazar a Delicias con la piqueta.

Pasarían once largos años antes de que se viera una preocupación oficial respecto de la Estación de las Delicias. La iniciativa la tomó RENFE, que por aquella época necesitaba un espacio adecuado para cobijar la colección de material rodante que había ido recuperando para el Museo del Ferrocarril, y consideró que la "vieja Estación de las Delicias" podía ser el lugar idóneo para presentar esta nueva e importante colección histórica.

De este modo, en 1980, tiene lugar un acontecimiento de gran trascendencia en la historia de la Estación: la apertura de expediente de incoación para su declaración como Monumento Histórico Nacional, expediente solicitado por la misma empresa ferroviaria. Al mismo tiempo, se procede a la firma de un acuerdo entre RENFE y el Ministerio de Cultura, según el cual la Estación de las Delicias cobijaría el Museo Nacional de la Ciencia y la Tecnología y el Museo del Ferrocarril.

A cambio de que RENFE permitiera esta compartimentación de la estación, el Ministerio se comprometía a participar con su inversión en la restauración del edificio. Los citados organismos invirtieron un total de 370 millones de pesetas en los trabajos de restauración y adecuación de la estación. Una vez terminadas las obras de remozamiento del edificio para su nueva función el Museo del Ferrocarril abrió sus puertas al público en su nuevo emplazamiento. Fue el 19 de diciembre de 1984.

Con la decisión de la preservación y nuevo uso como Museo de la Estación de Delicias, se dotó a Madrid de un edificio histórico singular, de gran importancia artística, que constituyó uno de los ejemplos más significativos de la arquitectura industrial desarrollada a finales del siglo XIX en nuestro país.


Inmaculada García Lozano
Historiadora del Ferrocarril





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