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REPORTAJE
Uno de cada diez niños sufre asma
Nicolás Cobos señala que los fármacos son la base del tratamiento
El doctor Nicolás Cobos, jefe de la Sección de Neumología Infantil del Hospital Materno Infantil Valle de Hebrón de Barcelona, considera que la polémica sobre la eficacia de la inmunoterapia versus terapia farmacológica en el tratamiento de los niños asmáticos ha quedado zanjada. En su opinión la experiencia clínica, avalada por los consensos internacionales, demuestra el papel relevante de la terapia farmacológica y el estancamiento de la inmunoterapia.
Durante años ha existido una pugna entre los alergólogos y neumólogos sobre el diagnóstico y tratamiento de los niños asmáticos. Unos apostaban por la inmunoterapia como opción terapeútica mientras que los otros dudaban de la eficacia de este tratamiento ante los resultados controvertidos que se obtenían en los trabajos. "Estas dos opuestas aproximaciones al asma en la infancia han ido, sin embargo, confluyendo en una sola alternativa", según asegura el doctor Nicolás Cobos.
"En los años setenta el asma era considerada una enfermedad alérgica y las vacunas, por tanto, constituían el tratamiento básico. La negación de este concepto y el importante progreso que se experimentó en el campo de la farmacología favoreció un cambio en la estrategia terapeútica del asma en los niños. La inmunoterapia poco a poco se quedó en un segundo lugar y los médicos empezaron a emplear con mayor frecuencia fármacos con los que se logra un control de la enfermedad asmática".
En opinión de este neumólogo, al estancamiento de la inmunoterapia también han contribuido de forma decisiva la falta de resultados concluyentes sobre su eficacia en el asma. "Desde que se aplicaron las primeras vacunas en niños asmáticos hasta ahora han persistido las mismas dudas sobre el papel de la inmunoterapia. Unos trabajos señalaban que las vacunas eran eficaces pero otros estudios contradecían los mismos datos. La inmunoterapia se mantuvo así en un vaivén continuo. Y definitivamente los consejos internacionales como el de la Sociedad Americana del Torax ratificaron la escasa repercusión de las vacunas y limitaron su aplicación a casos muy concretos".
El control de la enfermedad asmática en los niños se puede realizar, en palabras de Nicolás Cobos, con los tratamientos farmacológicos que existen en la actualidad. "Disponemos de fármacos eficaces y seguros y se han establecido unos protocolos que garantizan el éxito. Sin embargo, en la práctica clínica nos seguimos encontrando con pacientes mal controlados o con la persistencia de los síntomas a lo largo del tiempo debido a errores en el tratamiento asmático por parte del especialista".
Según el doctor Cobos, el tratamiento de los niños asmáticos se fundamenta en la detección y posterior modificación de los factores alérgicos externos, la educación al paciente y a su familia y el empleo de la terapia farmacológica adecuada. "Es evidente que en la aparición del asma en los niños interviene más de un factor externo. Por lo que, en un primer momento debemos intentar detectar estos factores y eliminarlos del ambiente. Por ejemplo, en el caso de alergia a los animales o los alimentos la decisión es fácil y si estamos ante un niño con alergia a los ácaros, la adopción de medidas higiénicas tendentes a disminuir su concentración constituyen de por sí una acción importante aunque no se logre eliminar todo el polvo".
La eficacia en el control de los factores externos depende en gran medida de la educación que reciben los pacientes y la familia. Como afirma el doctor Cobos, la falta de conocimiento sobre la enfermedad y el tratamiento limitan el beneficio de las terapias adoptadas para cada paciente "e incluso se ha llegado a asegurar que sólo se aprovecha el 10% de la eficacia de los tratamientos". La educación que, según Cobos, deben realizar los médicos y enfermeras debe perseguir que el paciente o su entorno determinen en qué momento el asmático inicia un ataque y adoptar las decisiones más correctas.
"En el asma tanto los médicos como la familia vamos por detrás de la enfermedad. Se produce un empeoramiento y entonces se administran los fármacos cuando debería ser al contrario, que el paciente detectara a tiempo su ataque y se emplearan los broncodilatadores antes. En este sentido, debemos realizar una tarea importante de educación para que la familia no crea que es mejor dar el broncodilatador durante el empeoramiento del cuadro de asma sino mucho antes y que si el paciente no muestra una mejoría entonces se puede aplicar una dosis mayor del fármaco. En algunos países se ha difundido la técnica del semáforo y se ha asignado a cada luz un significado y una pauta determinada de actuación. Así, la luz verde implica que todo marcha bien, la luz amarilla se produce ante la aparición de ciertos factores y se proponen una serie de medidas para controlar el proceso y con la luz roja se recomienda la visita al hospital".
El entrevistado precisa que el otro pilar del tratamiento lo constituye la elección de la terapeútica farmacológica más adecuada. "Existen fármacos eficaces pero se aplican incorrectamente. Se están registrando casos de pacientes con crisis agudas de asma tratadas con corticoides inhalados que no benefician al paciente sino más bien le perjudican. Para controlar estas crisis agudas la terapia de elección la constituyen los broncodilatadores a los que se puede añadir un antiinflamatorio, corticoide o no, administrado por vía sistémica. Los corticoides inhalados están especialmente indicados para el tratamiento de pacientes que presentan cuadros de asma en la edad adulta y que se pueden curar mediante esta medicación".
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